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DOMUND 2016 "SAL DE TU TIERRA" TESTIMONIO DEL MISIONERO ABULENSE JOSÉ MELÉNDEZ (AVILA)

" No me arrepiento de estar lejos de la tierra que tanto amo, pues sé que Dios de una manera misteriosa, que quizá no alcanzamos a comprender, hace su obra, usando nuestras pobres vidas."


Salí de mi casa cuando tenía 10 años. Iba muy ilusionado al Centro Vocacional de los Legionarios de Cristo en Ontaneda. En aquellos tiempos nuestras vacaciones en casa eran 10 escasos días. A los 15 años, pasé al noviciado en Salamanca. Dos años después fui a Roma y de ahí a México. Vi a mi madre llorar con resignación y amor casi todas las veces que salía de mi casa para seguir mi destino. Mi corazón también sintió la tristeza de la separación, pero era por una buena razón. Jesús dijo a los apóstoles: Y todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna (Mt 19,29) 
Dios ha cumplido su palabra, por lo menos en lo que se puede comprobar hasta ahora. De los 60 años de vida que tengo, 50 los he vivido lejos de mi casa y 27 en el extranjero. No me arrepiento de estar lejos de la tierra que tanto amo, pues sé que Dios de una manera misteriosa, que quizá no alcanzamos a comprender, hace su obra, usando nuestras pobres vidas.


A lo largo de mi vida de sacerdote, me ha tocado trabajar con jóvenes universitarios, con niños de catequesis, con señoras y señores casados, buscando vocaciones, formando seminaristas, confesando adultos, visitando enfermos. Hay muchas anécdotas que podría contarles de carácter épico, como aquella vez que nos dispararon los guerrilleros de las FARC en Colombia. La bala rompió el cristal del coche y pasó detrás de mi cabeza. Ese día nos dejaron ir porque éramos sacerdotes. Se llevaron sin permiso nuestro cassette, (era la vida de San Francisco de Asís) Cuando nos pidieron la identificación, un compañero mío y yo, sin ponernos de acuerdo, le enseñamos el carnet de sacerdote de la diócesis de Rionegro. Si hubieran sabido que éramos extranjeros, seguramente nos habrían secuestrado.
Pero más que referirles más anécdotas de estas les contaré una historia:
En una clase de secundaria, organizaron una obra de teatro. Todos estaban muy interesados en que saliera muy bien, pues la iban a presentar ante toda la comunidad educativa, padres de familia incluidos. Entre los alumnos había uno que era un poco tartamudo y al que trataron de disuadir para que no participara en las declamaciones, pero al parecer era el más entusiasmado. ¿qué papel le podemos dar, para que no vaya a estropear la obra? preguntó el que iba a hacer de protagonista. El profesor dijo: hay un personaje que actúa sólo una vez, con una frase. En efecto, en el momento más crucial de la obra de teatro un paje se tenía que presentar ante el rey y decirle: ¡Aquí está la carta!
Eso les pareció muy bien a todos incluso al tartamudo que, sabiendo que era el momento culmen, se entusiasmó con la idea. Sin embargo el profesor le dijo: Pero mira, Pepe, no podrás participar si dices la frase con el más mínimo tartamudeo ¿entiendes?  Si sssiii, si ssiiii profesor…
Los días siguientes se pasó el bueno de Pepe sin tan siquiera ir a los ensayos. A fin de cuentas no tenía que ensayar nada más que el gesto de entregar la carta. Después de mucho ensayar la frase salió de sus labios con un aplomo y una seguridad envidiable. ¡AQUÍ ESTÁ LA CARTA!
Comenzó la obra de teatro y a los pocos minutos oyó que el rey mencionaba la carta. Él le pregunto: ¿yayayaaa debo de sasasaaalir?
No todavía no, este es el primer acto.
Comenzó el segundo acto y el rey desesperado bramaba porque llegase la carta. Nuevamente nuestro amigo preguntó: ¿yayayaaa debo de sasasaaalir?
Que no, que tú vas en el tercer acto.
Por fin llegó el tercer acto. El rey desesperado estaba sentado, triste y abatido. El profesor le dice: ahora, sal y le entregas la carta ¿vale?
Salió nuestro amigo con paso decidido y llegó ante el rey y con una voz firme y decidida le dice: .
¡AQUÍ ESTÁ LA CARTA!  
Y el Rey le responde:
¡Demasiado tarde!
Y nuestro buen amigo, que había comido ansias de presentarse le responde, sin tener que hacerlo:
Pue pue pues es que que que el pro pro fesosor no me me de de deja b aba  sa sa salir…
He aprendido mucho de esta historia en mi vida. Nosotros debemos de hacer el papel que Dios nos tiene asignados en su gran obra de la salvación. Es verdad que a veces, el papel que hacemos nos puede parecer insignificante, y quisiéramos ser los protagonistas de mil historias fascinantes que vemos suceder a nuestro alrededor. Pero debemos de confiar en el autor del drama y en la parte que nos ha confiado. Gracias, Señor, por el don de la VOCACION. Si tuviera mil vidas te las daría todas a Ti.
                                  
                                   P.José Meléndez Sánchez LC
                                   Colombia

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